Tomar una fotografía parace hoy cosa muy sencilla y rápida. Sin embargo, no siempre fue así. En los albores de la fotografía el tiempo de exposición de la cámara era muy largo, por lo que había que posar durante mucho tiempo frente a la cámara sin moverse. Además, era importante estar completamente estáticos para evitar que las tomas se desperdiciaran.
Es por eso que las llamadas Hidden Mothers (Madres ocultas) crearon todo un género en el siglo XIX. Estas madres querían fotografiar a sus hijos, pero tenían un serio problema: tenían que hacer que su hijo estuviera quieto. La manera más segura de que el niño guardara la calma era sobre el regazo de su madre.
Para que sólo se viera al pequeño, a las señoras se las ocultaba con una tela. Después, en el estudio de fotografía tapaban el extraño bulto con un marco ovalado de cartón.
Sin embargo, si se quita la plantilla -como en estos ejemplos, tan preciados por los coleccionistas- la temible figura que sujeta al bebé modelo aparece de nuevo, como un personaje amenazante en medio de tanto encaje infantil.
Publicado en Historia de la Fotografía